22/11/2019
Revista PQ
Marta Mendoza, experta en protección frente a explosiones de Denios
“El análisis de zonas ATEX y la gestión de sus riesgos no es algo sencillo”
Marta Mendoza, experta en protección frente a explosiones. Marta Mendoza, experta en protección frente a explosiones.
¿Cuáles son los principales focos de accidente en zonas ATEX? ¿Qué normativas y obligaciones para la empresa han de tenerse en cuenta? ¿Cómo se deben definir las zonas ATEX? Marta Mendoza, experta en protección frente a explosiones de Denios, nos da todas las respuestas en la siguiente entrevista.

Revista PQ.- ¿Cuáles son las dudas más comunes sobre la protección contra explosiones?
Marta Mendoza.- La principal pregunta que solemos recibir por parte de nuestros clientes es: ¿por dónde he de comenzar? El análisis de zonas ATEX y la gestión de sus riesgos no es algo sencillo y en muchas ocasiones los técnicos le tienen a este tema algo de miedo o respeto. Esta es una de nuestras principales funciones, conseguir quitar ese miedo para que sean capaces de implementar medidas de control en sus empresas.

Cuando hablamos de explosiones no se trata de pequeños accidentes laborales, como por ejemplo un corte con un cuchillo. Si se produce una explosión, siempre conlleva consecuencias muy graves, pudiendo ser incluso mortales. Por ello, en ocasiones los técnicos le tienen tanto respeto que prefieren posponer las decisiones y la implementación de medidas.

Revista PQ.- Sin duda, una decisión muy arriesgada…
M.M.- Así es. Lo más importante es hacerles ver que pueden contar con expertos que les ayuden y que existen normativas y directivas que facilitan la correcta toma de decisiones.

Revista PQ.- ¿Cómo se origina una explosión?
M.M.- Para explicar el origen de una explosión casi siempre recurrimos al triángulo del fuego. Una explosión se produce cuando se juntan tres componentes: oxígeno, una sustancia inflamable y una fuente de ignición. Si se produce una chispa y ésta se encuentra con una mezcla adecuada de oxígeno y una sustancia inflamable (en forma de gas o polvo), habrá una explosión. En estos casos es muy importante la relación de mezcla entre el oxígeno y la sustancia inflamable. Con mucho oxígeno y muy poca sustancia inflamable, no se producirá ninguna explosión dada la escasa concentración de la sustancia inflamable. De igual forma, si la atmósfera está sobresaturada con la sustancia inflamable y no queda oxígeno, la explosión tampoco se producirá. Esto se llama límite inferior y superior de inflamabilidad y es diferente para cada sustancia o producto químico. Este concepto de la relación de mezcla puede aprovecharse incluso para evitar explosiones, puesto que aportando mucho oxígeno o sobresaturando con la sustancia inflamable se puede evitar que se produzca la explosión.

Revista PQ.- ¿Qué normativas para la protección ATEX se han de tener en cuenta?
M.M.- Existen dos vertientes de normativa relacionadas. La que afecta a los equipos empleados en zonas ATEX y la que afecta a la determinación de zonas ATEX en las zonas de trabajo.

Revista PQ.- En cuanto a su perspectiva, la de fabricante y distribuidor…
M.M.- Para la fabricación y distribución de equipos ATEX aplica la Directiva de productos ATEX 2014/34/EU. Esta directiva europea es posteriormente traspuesta a la normativa local de cada país miembro dentro de la UE. Indica cómo construir y desarrollar productos para las zonas ATEX. Se han de tener en cuenta los requisitos de esta directiva en todas las fases de desarrollo del producto. Desde los primeros bocetos (e incluso antes). Por ejemplo, a la hora de los primeros bocetos de nuestros equipos, ya consultamos con nuestro director de productos y con el departamento comercial si este nuevo producto debe cumplir las normas ATEX.

Gracias a esta fase, nuestro equipo de diseño tiene sus objetivos y las especificaciones del producto claramente definidos. Una vez finalizada la fase de diseño, llevamos a cabo un análisis que es esencial: un análisis de fuentes de ignición. Esto quiere decir que comprobamos sistemáticamente si nuestro nuevo producto puede tener una fuente de ignición en cualquiera de sus elementos. Realizando estas comprobaciones siempre y de forma sistemática, podemos estar muy seguros de que nuestro producto no va a producir chispas y podemos por lo tanto marcarlo como equipo ATEX.

Revista PQ.- ¿Y desde el punto de vista del cliente, de esa empresa que trabaja con dichos productos inflamables?
M.M.- En este caso se aplica la Directiva de empresa ATEX 1999/92/EG. El usuario tiene la obligación de elaborar un documento de protección contra explosiones que, entre otras cosas, contiene una valoración del riesgo en la zona donde se emplea el producto, teniendo en cuenta las operativas de la zona estudiada, quién se encuentra en esta zona y qué formación tienen estos trabajadores. El usuario redacta entonces el documento de protección contra explosiones, define la clasificación de sus zonas AETX y en base a ello establece las medidas técnicas que ha de implementar para evitar el riesgo.

Revista PQ.- ¿Qué medidas se pueden tomar para proteger a las empresas y a las personas contra explosiones?
M.M.- Hay tres pasos a tener en cuenta:

  • Primer paso: procurar que no se produzca una atmósfera con potencial explosivo, controlar la mezcla entre oxígeno y sustancia inflamable para hacer imposible que ocurra una explosión. Debemos admitir que este primer paso es, en ocasiones, el más difícil. Cuando se almacenan productos peligrosos, es porque se necesitan. Esto implica que estén habitualmente presentes en el ambiente y por lo tanto se produce automáticamente una atmósfera potencialmente explosiva. La tendencia es, por lo tanto, influir sobre la concentración de la mezcla. Una medida muy habitual es recurrir a una correcta ventilación de las instalaciones. En nuestros contenedores modulares, por ejemplo, instalamos ventilación forzada para este fin.
  • El segundo paso sería evitar que se produzca una fuente de ignición. Si en una atmósfera con potencial explosivo no existe una fuente de ignición, desaparece el riesgo.
  • Y si esto no funciona, queda el tercer paso, que es limitar la explosión a un nivel inocuo o de bajo riesgo. Una medida técnica que se puede implementar, por ejemplo, es la despresurización. Pongamos un ejemplo: imaginemos un contenedor modular para productos líquidos inflamables que contiene una atmósfera potencialmente explosiva. En estos casos, podemos instalar en nuestros contenedores unos dispositivos de descompresión mediante los cuales garantizamos que la presión, en caso de explosión, vaya en una dirección determinada. Estos dispositivos de descompresión se instalan en el techo de los contenedores modulares, donde normalmente no pueden afectar a las personas que se puedan encontrar en las proximidades. Si estos dispositivos no estuviesen instalados, es probable que el punto más débil del espacio fuera la puerta. Si una explosión abriese la puerta de golpe, sería un gran peligro para las personas que podrían estar delante de ella puesto que podría incluso salir despedida. Los dispositivos de descompresión de emergencia pueden resultar ser un elemento de seguridad vital.

Revista PQ.- Por lo tanto, hay que actuar siempre sobre los tres aspectos comentados…

M.M.- Eso es. Primero, intentar impedir que se forme una atmósfera potencialmente explosiva; segundo, evitar fuentes de ignición; y tercero, si de verdad no existe ninguna manera de realizar los puntos uno o dos, no queda más que reducir o limitar la explosión a un nivel inocuo.

Revista PQ.- En un entorno potencialmente explosivo, la definición de los distintos espacios juega un papel importante. ¿Cómo se deben definir las zonas ATEX?
M.M.- Según la Directiva ATEX de lugares de trabajo, se diferencia entre tres zonas ATEX clasificadas de la siguiente manera: la zona 0 corresponde al origen de la sustancia peligrosa, donde se produce la atmósfera con potencial explosivo; la zona 1 es el entorno inmediato y la zona 2 sería el entorno más alejado.

A la hora de realizar el estudio de zonas clasificadas, además debe tenerse en cuenta el factor tiempo, cómo de habitual es que exista ese producto inflamable en ese lugar. Imaginémonos un bidón con cierto nivel de líquido inflamable.

  • La zona 0 estaría entonces dentro del barril, justo encima del líquido, en la zona donde se generan los primeros vapores del producto inflamable que tiene el bidón en su interior. Podemos decir que en este lugar existe siempre o casi siempre una atmósfera potencialmente explosiva.
  • La zona 1, un poco más alejada, decimos que en condiciones normales puede existir ocasionalmente una atmósfera con potencial explosivo, mientras que ponemos énfasis en «condiciones normales», porque puede haber averías que merecen una valoración aparte.
  • La zona 2 es la zona más alejada del origen de los vapores. Es una zona en la que ya es raro que en condiciones normales se produzca una atmósfera con potencial explosivo y, si se produce, suele desaparecer enseguida.

Revista PQ.- ¿Qué debemos tener en cuenta cuando adquirimos productos para emplear en zonas ATEX?
M.M.- En primer lugar, es importante saber si el equipo que estamos adquiriendo o colocando en una determinada zona ATEX ha de estar marcado o no. Existe un marcado específico para este tipo de productos, si bien no todos los productos han de estar marcados.

Los usuarios suelen pensar que en zonas ATEX solamente se pueden emplear productos etiquetados como ATEX, pero no es así. No es necesario etiquetar todos los productos. Solamente los productos afectados por la directiva ATEX deben ir identificados. Esto se aplica por ejemplo si los productos tienen una fuente potencial de ignición, que se podría convertir en una fuente de ignición real. Si un determinado producto no tiene ninguna fuente potencial, su empleo en zona ATEX no puede presentar ningún peligro y por esto no será necesario etiquetarlo como ATEX.

En este contexto, el marcado del producto es importantísimo. Se diferencian las tres zonas ATEX: zona 0, zona 1 y zona 2… ¿y por qué las clasificamos? Porque no todos los productos están diseñados para la zona más complicada. Los usuarios suelen pensar que solamente podemos emplear productos con etiqueta ATEX en zonas ATEX. Pero no es así. No es necesario etiquetar todos los productos. Solamente los productos afectados por la directiva ATEX deben ir identificados. Esto se aplica por ejemplo si los productos tienen una fuente potencial de ignición, que se podría convertir en una fuente de ignición real. Si este producto no tiene ninguna fuente potencial, su empleo en zona ATEX no puede presentar ningún peligro y por esto no será necesario etiquetarlo como ATEX.

Este punto produce mucha confusión, porque los usuarios buscan la etiqueta en la que ponga ATEX siempre.

En conclusión, en una zona ATEX podemos emplear:

  • Productos correctamente clasificados para el tipo de zona que tenemos en nuestra empresa.
  • Productos no identificados como ATEX, que no necesiten etiqueta porque no tienen puntos de ignición y por lo tanto no pueden causar una deflagración (no se le aplica la normativa ATEX).

Es importante a la hora de adquirir nuevos equipos que el fabricante/distribuidor y el usuario se comuniquen y se intercambien información sobre el uso del equipo. El usuario sabe muy bien donde quiere emplear el producto y nosotros como fabricantes le podemos aconsejar y recomendar los productos más apropiados para su caso particular.

En este contexto, el marcado del producto es importantísimo. El marcado nos indica si el producto puede ser empleado en Zona 0, Zona 1 o Zona 2. Como decíamos, no todos los productos están diseñados para la zona con mayor riesgo.

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